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	<title>BARAJARYDARDENUEVO</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Blog participativo de los Vecinos de Colegiales/Belgrano/Nuñez</tagline>
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	<dc:subject>Cultura</dc:subject>
	
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		<title>Aguas...   Gracias J. M. Pasquini Durán</title>
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		<updated>2008-03-01T17:47:01+00:00</updated>
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&lt;p&gt;  &lt;!-- /.imagen --&gt;
&lt;div id=&quot;cuerpo&quot;&gt;
&lt;p class=&quot;margen0&quot;&gt;&lt;strong&gt;De acuerdo con un informe de Naciones Unidas, difundido esta semana, el 78 por ciento de la población de América latina y el Caribe vive en una ciudad y pronostica que el 83 por ciento lo hará en 2025 y el 88 por ciento en 2050. Norteamérica es la única región que supera estos índices. Las ciudades de Buenos Aires, México, San Pablo y Río de Janeiro se encuentran hoy entre las primeras diecinueve aglomeraciones urbanas del mundo y en 2025 seguirán en esa posición. Por primera vez en la historia este año, 2008, más de la mitad de los habitantes de la Tierra residirán en zona urbana. Esta perspectiva no aparece en ninguno de los planes de campaña y en la gestión actual de los gobiernos de la ciudad autónoma y también de la provincia, que proceden como si la demografía urbana pudiera guardarse en el congelador. El dato prueba que los planes oficiales son de corto plazo y lo más probable es que las obras que se anuncian ahora, cuando estén terminadas, ya serán insuficientes para contener la presión de los nuevos urbanizados. Por lo pronto, a la población actual, en especial a los más desprotegidos, estos gobiernos no pudieron ofrecerle el debido auxilio de emergencia ni llegaron a prevenirlos de la inundación con un poco de tiempo, para poner a salvo sus pertenencias en residencias y comercios.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  La democracia de 24 años, con mandatarios sucesivos conservadores y progresistas por igual, nunca realizó las obras indispensables para que los desórdenes del clima no tomen por asalto a porteños y bonaerenses. Está claro que hoy en día las responsabilidades centrales son de las administraciones de Mauricio Macri y Daniel Scioli, pero llama la atención que el gobierno nacional no intervenga con sus recursos –desde créditos blandos en la banca oficial a Defensa Civil y Acción Social– para respaldar la solidaridad con los damnificados. Saber que la presidenta Cristina, sin descuidar sus actividades, se preocupa por los dramas humanos allí donde suceden también ayuda al magro consuelo de los afligidos por el desastre, muchas veces devastador, causado por las últimas tormentas o, en la otra punta, debido a la sequía y al fuego en parques nacionales de valiosa flora en dos provincias de la Patagonia. Si se interesó, hicieron mal en restringir la publicidad porque estos ejemplos “desde arriba” (desde abajo siempre ocurren por mera supervivencia) son los que sirven para promover la cultura de la solidaridad en la sociedad, que hace falta después de tantos años de sálvese quien pueda. A lo mejor el mensaje de hoy, sábado, a la Asamblea Legislativa inaugurando el período de sesiones es una oportunidad para dejar constancia de la aflicción por las desventuras de los anónimos, entre tantos índices de la macroeconomía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  A la vez, nadie registra que los datos de la ONU implican la despoblación del campo, cuya mano de obra, como sucede en Estados Unidos, tendrá que proveerse de la inmigración indocumentada, lo que genera problemas que la Argentina desconoce en esas probables magnitudes. Guardando las debidas proporciones, en la campaña presidencial norteamericana el tema de la inmigración comparte en importancia al lado de la guerra en Irak y la recesión económica. En la actualidad, familias que llegaron con las corrientes inmigratorias de peruanos, bolivianos, paraguayos y coreanos, entre otros, en casos notorios han sido víctimas de abusos o de discriminaciones, además de alguna campaña sindical acusando a sus miembros de robar el trabajo de los nacionales. ¿Qué sería de ellos si llegaran en masa para atender el cultivo de la soja y de los otros productos del campo, tan bien cotizados en los mercados internacionales? Por una vez, los legisladores podrían anticiparse a los hechos y pensar en reglas que permitan albergar a ciudadanos del mundo, como lo proclama el prólogo de la Constitución, dándoles derechos y deberes que pongan a salvo la dignidad de su condición humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  Para citar sólo dos de los muchos problemas derivados de la aglomeración urbana: la eliminación de residuos y la expansión de barriadas de emergencia. La provincia de Buenos Aires tiene cien basurales a cielo abierto (la gestión de Daniel Scioli anunció la clausura de tres) y la Capital, en sus actuales dimensiones, produce de cinco a ocho toneladas diarias de basura para las que tiene que encontrar destino. ¿Ambos gobiernos trabajan para mañana, para los próximos veinte años o para nunca? En cuanto a las “villas”, el macrismo no oculta los deseos de hacerse de los terrenos de Retiro, asentamiento de una de las barriadas más antiguas, para prolongar las obras lujosas de Puerto Madero. Ninguno de los que tienen que ver con el ámbito metropolitano (Capital + Gran Buenos Aires) han expuesto planes y obras que pueda ofrecer soluciones válidas para decenas de miles de familias pobres o excluidas que echaron raíces, como los pájaros, allí donde pudieron fabricar un nido con lo que tuvieran a mano. ¿Dónde vivirán los futuros pobladores que anuncia la ONU? Algunos, en viviendas compradas o de alquiler, pero otros rumbearán hacia donde puedan. La planificación urbana no puede tener como único modelo a Puerto Madero. Las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe Bonafini a la cabeza, demostraron que es posible movilizar otros recursos, mediante la participación de los ciudadanos y las provisiones del Estado en sus diferentes niveles. También lo han hecho distintos grupos del movimiento nacional de piqueteros. Sólo los prejuicios políticos impiden que en la mesa de las soluciones esas experiencias no tengan un lugar asignado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  De todos modos, los de abajo se las arreglan para hacerse lugar en defensa de sus intereses. Mucho se comenta en esta temporada sobre las paritarias, inauguradas por Hugo Moyano, lo que parece que será celebrado por la plana mayor K, empezando por el matrimonio Kirchner, el próximo martes en un acto organizado para promover la figura que pretende una vicepresidencia en el nuevo Consejo Nacional del PJ. Sin embargo, no sólo por arriba se decide la cuestión de los convenios de trabajo. La información oficial sobre las negociaciones salariales en 2007 indica que se firmaron 1025 convenios, pero lo llamativo es que los acuerdos de empresa fueron amplia mayoría (67 por ciento), mientras que el 33 por ciento fueron convenios por actividad. Para Julio Godio, veterano especialista en temas del movimiento obrero desde una mirada progresista, “la cifra es elocuente porque está indicando que (...) el sistema de relaciones laborales argentino está en plena transformación, dando cada vez más importancia a las negociaciones por empresa...” (Clarín, 26/02/08). “Esto indica -–agrega Godio– que muchas uniones y confederaciones excesivamente centralizadas y/o con estructuras antiguas ya no dan cuenta de la presencia activa en las empresas, ya sea de nuevos sindicatos o de la creación de instituciones sociolaborales (como los cuerpos de delegados) que van asumiendo el atributo de negociador sindical en la empresa sin necesidad de separarse del sindicato madre.” Estos datos merecen celebrarse porque a través de ellos asoman los elementos nuevos que más temprano que tarde producirán los relevos indispensables en una corporación que parece inconmovible. Con vistas a los próximos diez años, sería interesante que los gobernantes que miran más largo que mañana se cuiden de quedar pegados “con lo que hay”, sin advertir el proceso de cambios –al que no fue ajeno el Estado a partir de 2003– que viene desde abajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  Cuando se habla de arriba y abajo no es por un “basismo” empedernido, sino por la convicción de que la gobernabilidad de la democracia moderna tiene que poner un ojo en las inversiones y otro en las aspiraciones de las clases medias y de los hombres y mujeres del trabajo, incluidos los inundados. Es inviable la consolidación de un modelo de desarrollo sin hacerse cargo de esos mundos diversos. Lo mismo que las referencias a nuevo y viejo no son una incitación a descartar la experiencia como referente, sino en darle el valor que tiene a la experimentación social más que a las inflexiones de tal o cual figura de ocasión. No son los aparatos partidarios lo que determinan el rumbo último de la sociedad. Puede ser que en épocas de prosperidad, ellos también prosperen, pero a la primera dificultad, si están divorciados del pueblo, sucumbirán a las mezquinas evoluciones de las burocracias a las que les interesa salvar el propio pellejo o mantener el privilegio conseguido alabando al líder sin ningún pudor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;  Algo hay que aprender de lo que pasa en el mundo: si hubo un formidable aparato, ése era el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), pero cuando perdió su razón de ser se deshizo como un castillo de arena en las aguas del crepúsculo. Para no ir tan lejos, Néstor Kirchner construyó el poder que muchos envidian dejando de lado a los clásicos intermediarios en la relación de la política con la sociedad. Llega el momento, por supuesto, de que ese poder necesita intermediaciones y bases orgánicas, puesto que “la organización vence al tiempo”, una de las sentencias predilectas del viejo General que lideró la política nacional por varias décadas y sigue presente en la memoria de millones. Este es un mes que parece dedicado a los trámites de reposición “pejotista”. Ojalá que el mensaje que pronunciará hoy la presidenta Cristina sea más importante para la reflexión nacional que todas las especulaciones sobre el aparato del PJ, ya que éste puede ser un dibujo animado de primera, pero lo que sigue definiendo la voluntad popular es la convicción de siempre, que sus gobernantes se ocupan de sus sueños, congojas y esperanzas antes que de las intrigas de poderes superficiales.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;  &lt;!-- pie general print html --&gt;
&lt;div id=&quot;fin&quot;&gt;© 2000-2008 www.pagina12.com.ar&lt;span class=&quot;separador&quot;&gt;|&lt;/span&gt;República Argentina&lt;span class=&quot;separador&quot;&gt;|&lt;/span&gt;Todos los Derechos Reservados&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;    &lt;!-- /pie general print html--&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;/!--&gt;&lt;/!--&gt;&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;
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		<author>
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		<title>Los árboles viven de pie...</title>
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		<issued>2007-01-28T20:37:09+00:00</issued>
		<updated>2008-11-26T16:12:20+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Desde varios lados los árboles nos hacen sentir su protagonismo. La tala del Amazonas, los bosques destinados a las pasteras, los pobres ejemplares de nuestras calles agredidos por cortes y podas indiscriminadas... Poco a poco vamos tomando conciencia de que la defensa de la vida pasa por defenderlos a ellos también. El texto que sigue puede servir a ese propósito...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.espacioblog.com/myfiles/vecinos/15_26_7_web.jpg&quot; width=&quot;360&quot; height=&quot;240&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El hombre que plantaba árboles.&lt;br /&gt;
Jean Giono&lt;br /&gt;
Foto Ian Britton&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si uno quiere descubrir cualidades realmente excepcionales en el carácter de un ser humano, debe tener el tiempo o la oportunidad de observar su comportamiento durante varios años.&lt;br /&gt;
Si este comportamiento no es egoísta, si está presidido por una generosidad sin límites, si es tan obvio que no hay afán de recompensa, y además ha dejado una huella visible en la tierra, entonces no cabe equivocación posible. Hace cuarenta años hice un largo viaje a pie a través de montañas completamente desconocidas por los turistas, atravesando la antigua región donde los Alpes franceses penetran en la Provenza. Cuando empecé mi viaje por aquel lugar todo era estéril y sin color, y la única cosa que crecía era la planta conocida como lavanda silvestre. Cuando me aproximaba al punto más elevado de mi viaje, y tras caminar durante tres días, me encontré en medio de una desolación absoluta y acampé cerca de los vestigios de un pueblo abandonado. Me había quedado sin agua el día anterior, y por lo tanto necesitaba encontrar algo de ella. Aquel grupo de casas, aunque arruinadas como un viejo nido de avispas, sugerían que una vez hubo allí un pozo o una fuente. La había, desde luego, pero estaba seca. Las cinco o seis casas sin tejados, comidas por el viento y la lluvia, la pequeña capilla con su campanario desmoronándose, estaban allí, aparentemente como en un pueblo con vida, pero ésta había desaparecido.&lt;br /&gt;
Era un día de junio precioso, brillante y soleado, pero sobre aquella tierra desguarnecida el viento soplaba, alto en el cielo, con una ferocidad&lt;br /&gt;
insoportable. Gruñía sobre los cadáveres de las casas como un león interrumpido en su comida... Tenía que cambiar mi campamento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tras cinco horas de andar, todavía no había hallado agua y no existía señal alguna que me diera esperanzas de encontrarla. En todo el derredor reinaban la misma sequedad, las mismas hierbas toscas. Me pareció vislumbrar en la distancia una pequeña silueta negra vertical, que parecía el tronco de un árbol solitario. De todas formas me dirigí hacia él. Era un pastor. Treinta ovejas estaban sentadas cerca de él sobre la ardiente tierra. Me dio un sorbo de su calabaza-cantimplora, y poco después me llevó a su cabaña en un pliegue del llano. Conseguía el agua -agua excelente- de un pozo natural y profundo encima del cual había construido un primitivo torno. El hombre hablaba poco, como es costumbre de aquellos que viven solos, pero sentí que estaba seguro de sí mismo, y confiado en su seguridad. Para mí esto era sorprendente en ese país estéril. No vivía en una cabaña, sino en una casita hecha de piedra, evidenciadora del trabajo que él le había dedicado para rehacer la ruina que debió encontrar cuando llegó. El tejado era fuerte y sólido. Y el viento, al soplar sobre él, recordaba el sonido de las olas del mar rompiendo en la playa.&lt;br /&gt;
La casa estaba ordenada, los platos lavados, el suelo barrido, su rifle engrasado, su sopa hirviendo en el fuego. Noté que estaba bien afeitado, que todos sus botones estaban bien cosidos y que su ropa había sido remendada con el meticuloso esmero que oculta los remiendos. Compartimos la sopa, y después, cuando le ofrecí mi petaca de tabaco, me dijo que no fumaba. Su perro, tan silencioso como él, era amigable sin ser servil.&lt;br /&gt;
Desde el principio se daba por supuesto que yo pasaría la noche allí. El pueblo más cercano estaba a un día y medio de distancia. Además, ya conocía perfectamente el tipo de pueblo de aquella región... Había cuatro o cinco más de ellos bien esparcidos por las faldas de las montañas, entre agrupaciones de robles albares, al final de carreteras polvorientas. Estaban habitadas por carboneros, cuya convivencia no era muy buena. Las familias, que vivían juntas y apretujadas en un clima excesivamente severo, tanto en invierno como en verano, no encontraban solución al incesante conflicto de personalidades. La ambición territorial llegaba a unas proporciones desmesuradas, en el deseo continuo de escapar del ambiente. Los hombres vendían sus carretillas de carbón en el pueblo más importante de la zona y regresaban. Las personalidades más recias se limaban entre la rutina cotidiana. Las mujeres, por su parte, alimentaban sus rencores. Existía rivalidad en todo, desde el precio del carbón al banco de la iglesia. Y encima de todo estaba el viento, también incesante, que crispaba los nervios. Había epidemias de suicidio y casos frecuentes de locura, a menudo homicida. Había transcurrido una parte de la velada cuando el pastor fue a buscar un saquito del que vertió una montañita de bellotas sobre la mesa. Empezó a mirarlas una por una, con gran concentración, separando las buenas de las malas.&lt;br /&gt;
Yo fumaba en mi pipa. Me ofrecí para ayudarle. Pero me dijo que era su trabajo. Y de hecho, viendo el cuidado que le dedicaba, no insistí. Esa fue toda nuestra conversación. Cuando ya hubo separado una cantidad suficiente de bellotas buenas, las separó de diez en diez, mientras iba quitando las más pequeñas o las que tenían grietas, pues ahora las examinaba más detenidamente. Cuando hubo seleccionado cien bellotas perfectas, descansó y se fue a dormir.&lt;br /&gt;
Se sentía una gran paz estando con ese hombre, y al día siguiente le pregunté si podía quedarme allí otro día más. Él lo encontró natural, o para ser más preciso, me dio la impresión de que no había nada que pudiera alterarle. Yo no quería quedarme para descansar, sino porque me interesó ese hombre y quería conocerle mejor. Él abrió el redil y llevó su rebaño a pastar. Antes de partir, sumergió su saco de bellotas en un cubo de agua.&lt;br /&gt;
Me di cuenta de que en lugar de cayado, se llevó una varilla de hierro tan gruesa como mi pulgar y de metro y medio de largo. Andando relajadamente, seguí un camino paralelo al suyo sin que me viera. Su rebaño se quedó en un valle. Él lo dejó a cargo del perro, y vino hacia donde yo me encontraba. Tuve miedo de que me quisiera censurarme por mi indiscreción, pero no se trataba de eso en absoluto: iba en esa dirección y me invitó a ir con él si no tenía nada mejor que hacer. Subimos a la cresta de la montaña, a unos cien metros.&lt;br /&gt;
Allí empezó a clavar su varilla de hierro en la tierra, haciendo un agujero en el que introducía una bellota para cubrir después el agujero. Estaba plantando un roble. Le pregunté si esa tierra le pertenecía, pero me dijo que no. ¿Sabía de quién era?. No tampoco. Suponía que era propiedad de la comunidad, o tal vez pertenecía a gente desconocida. No le importaba en absoluto saber de quién era. Plantó las bellotas con el máximo esmero. Después de la comida del mediodía reemprendió su siembra. Deduzco que fui bastante insistente en mis preguntas, pues accedió a responderme. Había estado plantado cien árboles al día durante tres años en aquel desierto. Había plantado unos cien mil. De aquellos, sólo veinte mil habían brotado. De éstos esperaba perder la mitad por culpa de los roedores o por los designios imprevisibles de la Providencia. Al final quedarían diez mil robles para crecer donde antes no había crecido nada. Entonces fue cuando empecé a calcular la edad que podría tener ese hombre. Era evidentemente mayor de cincuenta años. Cincuenta y cinco me dijo. Su nombre era Elzeard Bouffier. Había tenido en otro tiempo una granja en el llano, donde tenía organizada su vida. Perdió su único hijo, y luego a su mujer. Se había retirado en soledad, y su ilusión era vivir tranquilamente con sus ovejas y su perro. Opinaba que la tierra estaba muriendo por falta de árboles. Y añadió que como no tenía ninguna obligación importante, había decidido remediar esta situación.&lt;br /&gt;
Como en esa época, a pesar de mi juventud, yo llevaba una vida solitaria, sabía entender también a los espíritus solitarios. Pero precisamente mi juventud me empujaba a considerar el futuro en relación a mí mismo y a cierta búsqueda de la felicidad. Le dije que en treinta años sus robles serían magníficos. Él me respondió sencillamente que, si Dios le conservaba la vida, en treinta años plantaría tantos más, y que los diez mil de ahora no serían más que una gotita de agua en el mar. Además, ahora estaba estudiando la reproducción de las hayas y tenía un semillero con hayucos creciendo cerca de su casita. Las plantitas, que protegía de las ovejas con una valla, eran preciosas. También estaba considerando plantar abedules en los valles donde había algo de humedad cerca de la superficie de la tierra. Al día siguiente nos separamos. Un año más tarde empezó la Primera Guerra Mundial, en la que yo estuve enrolado durante los siguientes cinco años. Un «soldado de infantería» apenas tenía tiempo de pensar en árboles, y a decir verdad, la cosa en sí hizo poca impresión en mí. La había considerado como una afición, algo parecido a una colección de sellos, y la olvidé. Al terminar la guerra sólo tenía dos cosas: una pequeña indemnización por la desmovilización, y un gran deseo de respirar aire fresco durante un tiempo. Y me parece que únicamente con este motivo tomé de nuevo la carretera hacia la «tierra estéril». &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El paisaje no había cambiado. Sin embargo, más allá del pueblo abandonado, vislumbré en la distancia un cierto tipo de niebla gris que cubría las cumbres de las montañas como una alfombra. El día anterior había empezado de pronto a recordar al pastor que plantaba árboles. «Diez mil robles -pensaba- ocupan realmente bastante espacio». Como había visto morir a tantos hombres durante aquellos cinco años, no esperaba hallar a Elzeard Bouffier con vida, especialmente porque a los veinte años uno considera a los hombres de más de cincuenta como personas viejas preparándose para morir... Pero no estaba muerto, sino más bien todo lo contrario: se le veía extremadamente ágil y despejado: había cambiado sus ocupaciones y ahora tenía solamente cuatro ovejas, pero en cambio cien colmenas. Se deshizo de las ovejas porque amenazaban los árboles jóvenes. Me dijo -y vi por mí mismo- que la guerra no le había molestado en absoluto. Había continuado plantando árboles imperturbablemente.&lt;br /&gt;
Los robles de 1.910 tenían entonces diez años y eran más altos que cualquiera de nosotros dos. Ofrecían un espectáculo impresionante. Me quedé con la boca abierta, y como él tampoco hablaba, pasamos el día en entero silencio por su bosque. Las tres secciones medían once kilómetros de largo y tres de ancho. Al recordar que todo esto había brotado de las manos y del alma de un hombre solo, sin recursos técnicos, uno se daba cuenta de que los humanos pueden ser también efectivos en términos opuestos a los de la destrucción...&lt;br /&gt;
Había perseverado en su plan, y hayas más altas que mis hombros, extendidas hasta el límite de la vista, lo confirmaban. me enseñó bellos parajes con abedules sembrados hacía cinco años (es decir, en 1.915), cuando yo estaba luchando en Verdún. Los había plantado en todos los valles en los que había intuido -acertadamente- que existía humedad casi en la superficie de la tierra. Eran delicados como chicas jóvenes, y estaban además muy bien establecidos. Parecía también que la naturaleza había efectuado por su cuenta una serie de cambios y reacciones, aunque él no las buscaba, pues tan sólo proseguía con determinación y simplicidad en su trabajo. Cuando volvimos al pueblo, vi agua corriendo en los riachuelos que habían permanecido secos en la memoria de todos los hombres de aquella zona. Este fue el resultado más impresionante de toda la serie de reacciones: los arroyos secos hacía mucho tiempo corrían ahora con un caudal de agua fresca. Algunos de los pueblos lúgubres que menciono anteriormente se edificaron en sitios donde los romanos habían construido sus poblados, cuyos trazos aún permanecían. Y arqueólogos que habían explorado la zona habían encontrado anzuelos donde en el siglo XX se necesitaban cisternas para asegurar un mínimo abastecimiento de agua.&lt;br /&gt;
El viento también ayudó a esparcir semillas. Y al mismo tiempo que apareció el agua, también lo hicieron sauces, juncos, prados, jardines, flores y una cierta razón de existir. Pero la transformación se había desarrollado tan gradualmente que pudo ser asumida sin causar asombro. Cazadores adentrándose en la espesura en busca de liebres o jabalíes, notaron evidentemente el crecimiento repentino de pequeños árboles, pero lo atribuían a un capricho de la naturaleza. Por eso nadie se entrometió con el trabajo de Elzeard Bouffier. Si él hubiera sido detectado, habría tenido oposición. Pero era indetectable. Ningún habitante de los pueblos, ni nadie de la administración de la provincia, habría imaginado una generosidad tan magnífica y perseverante.&lt;br /&gt;
Para tener una idea más precisa de este excepcional carácter no hay que olvidar que Elzeard trabajó en una soledad total, tan total que hacía el final de su vida perdió el hábito de hablar, quizá porque no vio la necesidad de éste. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1.933 recibió la visita de un guardabosques que le notificó una orden&lt;br /&gt;
prohibiendo encender fuego, por miedo a poner en peligro el crecimiento de este bosque natural. Esta era la primera vez -le dijo el hombre- que había visto crecer un bosque espontáneamente. En ese momento, Bouffier pensaba plantar hayas en un lugar a 12 Km. de su casa, y para evitar las ideas y venidas (pues contaba entonces 75 años de edad), planeó construir una cabaña de piedra en la plantación. Y así lo hizo al año siguiente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1.935 una delegación del gobierno se desplazó para examinar el «bosque natural». La componían un alto cargo del Servicio de Bosques, un diputado y varios técnicos. Se estableció un largo diálogo completamente inútil, decidiéndose finalmente que algo se debía hacer... y afortunadamente no se hizo nada, salvo una única cosa que resultó útil: todo el bosque se puso bajo la protección estatal, y la obtención del carbón a partir de los árboles quedó prohibida. De hecho era imposible no dejarse cautivar por la belleza de aquellos jóvenes árboles llenos de energía, que a buen seguro hechizaron al diputado.&lt;br /&gt;
Un amigo mío se encontraba entre los guardabosques de esa delegación y le expliqué el misterio. Un día de la semana siguiente fuimos a ver a Elzeard Bouffier. Lo encontramos trabajando duro, a unos diez kilómetros de donde había tenido lugar la inspección. El guardabosques sabía valorar las cosas, pues sabía cómo mantenerse en silencio. Yo le entregué a Elzeard los huevos que traía de regalo. Compartimos la comida entre los tres y después pasamos varias horas en contemplación&lt;br /&gt;
silenciosa del paisaje... En la misma dirección en la que habíamos venido, las laderas estaban cubiertas de árboles de seis a siete metros de altura. Al verlos recordaba aún el aspecto de la tierra en 1.913, un desierto... y ahora, una labor regular y tranquila, el aire de la montaña fresco y vigoroso, equilibrio y, sobre todo, la serenidad de espíritu, habían otorgado a este hombre anciano una salud maravillosa. Me pregunté cuántas hectáreas más de tierra iba a cubrir con árboles.&lt;br /&gt;
Antes de marcharse, mi amigo hizo una sugerencia breve sobre ciertas especies de árboles para los que el suelo de la zona estaba especialmente preparado. No fue muy insistente; «por la buena razón -me dijo más tarde- de que Bouffier sabe de ello más que yo». Pero, tras andar un rato y darle vueltas en su mente, añadió: «¡y sabe mucho más que cualquier persona, pues ha descubierto una forma maravillosa de ser feliz!». Fue gracias a ese hombre que no sólo la zona, sino también la felicidad de Bouffier fue protegida. Delegó tres guardabosques para el trabajo de proteger la foresta, y les conminó a resistir y rehusar las botellas de vino, el soborno de los carboneros.&lt;br /&gt;
El único peligro serio ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Como los coches funcionaban con gasógeno, mediante generadores que quemaban madera, nunca había leña suficiente. La tala de robles empezó en 1.940, pero la zona estaba tan lejos de cualquier estación de tren que no hubo peligro. El pastor no se enteraba de nada. Estaba a treinta kilómetros, plantando tranquilamente, ajeno a la guerra de 1.939 como había ignorado la de 1.914.&lt;br /&gt;
Vi a Elzeard Bouffier por última vez en junio de 1.945. Tenía entonces ochenta y siete años. Volví a recorrer el camino de la «tierra estéril»; pero ahora en lugar del desorden que la guerra había causado en el país, un autobús regular unía el valle del Durance y la montaña. No reconocí la zona, y lo atribuí a la relativa rapidez del autobús... Hasta que vi el nombre del pueblo no me convencí de que me hallaba realmente en aquella región, donde antes sólo había ruinas y soledad. El autobús me dejó en Vergons. En 1.913 este pueblecito de diez o doce casas tenía tres habitantes, criaturas algo atrasadas que casi se odiaban una a otra, subsistiendo de atrapar animales con trampas, próximas a las condiciones del hombre primitivo. Todos los alrededores estaban llenos de ortigas que serpenteaban por los restos de las casas abandonadas. Su condición era desesperanzadora, y una situación así raramente predispone a la virtud. Todo había cambiado, incluso el aire. En vez de los vientos secos y ásperos que solían soplar, ahora corría una brisa suave y perfumada. Un sonido como de agua venía de la montaña. Era el viento en el bosque; pero más asombro era escuchar el auténtico sonido del agua moviéndose en los arroyos y remansos. Vi que se había construido una fuente que manaba con alegre murmullo, y lo que me sorprendió más fue que alguien había plantado un tilo a su lado, un tilo que debería tener cuatro años, ya en plena floración, como símbolo irrebatible de renacimiento. Además, Vergons era el resultado de ese tipo de trabajo que necesita esperanza, la esperanza que había vuelto. Las ruinas y las murallas ya no estaban, y cinco casas habían sido restauradas. Ahora había veinticinco habitantes. Cuatro de ellos eran jóvenes parejas. Las nuevas casas, recién encaladas, estaban rodeadas por jardines donde crecían vegetales y flores en una ordenada confusión. Repollos y rosas, puerros y margaritas, apios y anémonas hacían al pueblo ideal para vivir. Desde ese sitio seguí a pie. La guerra, al terminar, no había permitido el florecimiento completo de la vida, pero el espíritu de Elzeard permanecía allí. En las laderas bajas vi pequeños campos de cebada y de arroz; y en el fondo del valle verdeaban los prados. Sólo fueron necesarios ocho años desde entonces para que todo el paisaje brillara con salud y prosperidad. Donde antes había ruinas, ahora se encontraban granjas; los viejos riachuelos, alimentados por las lluvias y las nieves que el bosque atrae, fluían de nuevo. Sus aguas alimentaban fuentes y desembocan sobre alfombras de menta fresca. Poco a poco, los pueblecitos se habían revitalizado. Gentes de otros lugares donde la tierra era más cara se habían instalado allí, aportando su juventud y su movilidad. Por las calles uno se topaba con hombres y mujeres vivos, chicos y chicas que empezaban a reír y que habían recuperado el gusto por las excursiones. Si contábamos la población anterior, irreconocible ahora que gozaba de cierta comodidad, más de diez mil personas debían en parte su felicidad a Elzeard Bouffier. Por eso, cuando reflexiono sobre aquel hombre armado únicamente por sus fuerzas físicas y morales, capaz de hacer surgir del desierto esa tierra de Canán, me convenzo de que a pesar de todo la humanidad es admirable. Cuando reconstruyo la arrebatadora grandeza de espíritu y la tenacidad y benevolencia necesaria para dar lugar a aquel fruto, me invade un respeto sin límites por aquel hombre anciano y supuestamente analfabeto, un ser que completó una tarea digna de Dios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Elzeard Bouffier murió pacíficamente en 1.947 en el hospicio de Banon). &lt;/p&gt;

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		<title>En el 2007, le toca al vecino...</title>
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		<issued>2006-12-23T18:50:01+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:29:39+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;myfiles/vecinos/2007-blog.jpg&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;256&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/strong&gt;Como siempre, esperamos que en el año que se inicia, las cosas mejoren. Que todos tengamos mucha suerte. Que la felicidad no deje de derramar sus mieles sobre nuestras vidas. Pero debemos ser conscientes de que todo eso hay que construirlo. Que nadie regala nada. Menos los políticos. En el 2007 seremos halagados, fascinados y tentados por palabras maravillosas. Emitidas por príncipes de cuento. Que luego de las elecciones se convertirán, como corresponde, en sapos bien verdes y bien grandes. Desde aquí brindamos por que los vecinos del barrio no caigan en las trampas de los cuentos de siempre. Que reflexionemos entre todos y nos comprometamos a asumir el papel que nos toca. El del sentido común. El de la solidaridad. El del trabajo. Esperamos, de todo corazón, cantar bien fuerte y bien alto...&quot;Ahora le toca al vecino&quot;...&lt;/p&gt;

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		<title>VERDE QUE TE QUIERO VERDE...</title>
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		<issued>2006-04-06T04:58:29+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:58:01+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;myfiles/vecinos/Follaje con fff.jpg&quot; width=&quot;419&quot; height=&quot;257&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;&lt;br /&gt;
En esta sección, expondremos próximamente el trabajo de varios vecinos para defender los árboles y los espacios verdes.
&lt;/p&gt;

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		<title>LA BUENA MEMORIA</title>
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		<issued>2006-03-20T05:17:51+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:55:36+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;myfiles/vecinos/MDH.jpg&quot; width=&quot;150&quot; height=&quot;201&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;&lt;br /&gt;
1976 - 24 de marzo - 2006&lt;br /&gt;
Hay un tipo de orejas muy grandes. Afecto a los safaris. Acostumbrado a matar con mira telescópica. Un tipo que anda suelto. Sin juicios que lo comprometan. Sin escraches que lo señalen. El elegido para destruir a nuestro país. Con la plata dulce. Con el veneno dulce de los créditos al infinito. El inventor de la bicicleta financiera. De la 1050. De la liberalización salvaje. De la caída libre de una economía que había sido, hasta su llegada al poder, respetada en el mundo entero. Dicen los expertos que todo nació en el Consenso de Washington. Que allí surgió el Plan Cóndor. Que ahí se tiñó de sangre a toda Latinoamérica para imponer un plan económico perverso, inmoral y asesino. José Alfredo Martínez de Hoz fue el Ministro de Economía del Proceso. En su gabinete había técnicos y civiles. Ningún militar. Porque estos tipos conocían muy bien aquello de &quot;zapatero a tus zapatos&quot;...&lt;br /&gt;
En este 30º aniversario del golpe más brutal que sufrió nuestro país, es necesario comprender que la mano que mecía la cuna de los genocidas era la mano de un grupo económico dispuesto a todo.&lt;br /&gt;
Han pasado 30 años. Y aunque varios asesinos estén sometidos a juicio y tengan condena, todavía falta mucho para hacer justicia en serio en la Argentina. El daño ha sido devastador. No nos conformemos con la mitad de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para más datos ver:&lt;br /&gt;
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-2339-2006-03-19.html&lt;/p&gt;

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		<title>MEMORIA Y BALANCE</title>
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		<issued>2005-12-15T16:27:53+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:47:31+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&quot;Todo lo bueno tiene algo malo. Todo lo malo tiene algo bueno.&quot; Proverbio chino&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/vecinos/20052006.jpg&quot; width=&quot;145&quot; height=&quot;164&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;Se termina el 2005. Un año con mucho significado. Con muchas novedades. Un año que empezó muy mal. Con todos nosotros llorando a los chicos de Cromagnon. Un año que trajo nuevas caras a las reuniones. Y charlas y nuevas ideas para mejorar la vida diaria y la Ley de Comunas. Un año en que se hizo evidente que nuestros barrios están renaciendo con fuerza. Que los afectos, la memoria y la cultura popular son los cimientos más sólidos para construir nuestros sueños. Que estamos conscientes de nuestra responsabilidad. Que no nos gustan los sapos y mucho menos el vidrio. Que tenemos hambre de justicia en serio. De respeto en serio. Que imaginamos otra historia. Y que por eso nos proponemos barajar y dar de nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;              A todos nuestros vecinos:&lt;br /&gt;
             LES DESEAMOS LO MEJOR PARA EL 2006 &lt;/p&gt;

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		<title>EL BAR ARGOS NO SE VA...</title>
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		<issued>2005-10-26T20:42:39+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:43:45+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/vecinos/Pocillo Argos.jpg&quot; width=&quot;180&quot; height=&quot;172&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando hace unas semanas atrás varios vecinos, por distintas fuentes, nos enteramos que en lugar del Bar ARGOS, se iba a instalar una Farmacity en la tradicional esquina de Federico Lacroze y Álvarez Thomas, el rechazo espontáneo y enérgico no se hizo esperar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una reacción natural de defensa, cargada de afectos y recuerdos, recorrió las calles de Colegiales y como un torrente, se convirtió en cientos de firmas vecinales apoyando la consigna “EL ARGOS NO SE VA. LA MEMORIA NO SE VENDE, NO SE COMPRA, NO SE ALQUILA”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para entender tamaña respuesta popular hay que comprender que entre las paredes del Argos, descansan una infinidad de momentos inolvidables de la vida de miles de vecinos del barrio. Una parte importante de la memoria viva de quienes habitamos este vecindario está contenida en ese vetusto Bar, de más de ochenta años de existencia. Este es el punto crucial de la demanda. Porque la memoria es identidad y la identidad está enraizada en lo que sentimos como nuestro, como parte de nuestra vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ciertamente el Bar Argos es de sus dueños; mas aún, todo ese cúmulo de recuerdos y afectos se lo debemos, de alguna forma, al esforzado trabajo de ellos. De manera que junto a la defensa de nuestra memoria está el reconocimiento a sus dueños. Y este reconocimiento nos genera el compromiso, tanto de impedir que el Argos desaparezca, como el de buscar alternativas que resulten beneficiosas para aquellos que hoy, ya cansados, prefieren abandonar su actividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso los Vecinos Organizados y Alertas para que el Argos siga siendo el Argos nos hemos propuesto por un lado asegurar la ley que proclama al Argos como monumento histórico y por otro colaborar con sus dueños y empleados en la búsqueda de alternativas beneficiosas para ellos, como muestra concreta de nuestro agradecimiento a su obra. &lt;/p&gt;

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		<id>http://vecinos.espacioblog.com/post/2005/09/10/boletin-informativo-na-1</id>
		<title>BOLETÍN INFORMATIVO Nº 1</title>
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		<issued>2005-09-10T05:01:49+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:41:13+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;EDITORIAL&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.espacioblog.com/vecinos/imagen/sol dos&quot; width=&quot;301&quot; height=&quot;155&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;&lt;br /&gt;
Somos un grupo con distintos orígenes. Algunos venimos de las Asambleas, otros de los movimientos barriales, otros de la simple charla cotidiana con los vecinos a los que les pasan las mismas cosas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algunos pensamos igual, otros pensamos distinto. Y eso es lo bueno. Nos hace reflexionar, nos hace crecer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Colegiales y Chacarita son nuestros barrios y nuestra pertenencia. Amamos su gente, sus calles, sus plazas, sus estilos. Y queremos que este sentimiento trascienda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Creemos que la vida es mejor si podemos aprender y compartir. Cada día algo nuevo. Cada día algo bueno. Cada día algo útil. Sin solemnidad y con mucha alegría.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Creemos que el futuro no está escrito en ninguna parte y que va a ser tan bueno como lo construyamos. Nosotros, los vecinos. Aportando cada uno un ladrillo. Un granito de arena, un poco de sentido común.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Queremos tener voz y voto todos los días del año. Queremos opinar las 24 horas. Queremos diálogos fructíferos. Y soluciones duraderas. Para que renazca la solidaridad. Para que renazcan los proyectos. Y para que la vida, en nuestros amados Colegiales y Chacarita sea un motivo de legítimo orgullo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para lograr esto hay que remar. Arremangarse. Hay que barajar y dar de nuevo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta es nuestra propuesta y nuestra invitación. Bienvenidos al tren…&lt;br /&gt;
____________________________________________________&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los integrantes de Barajar y Dar de Nuevo nos reunimos todos los martes a las 19 horas en el Club Deportivo y Social Colegiales, Teodoro García 2860 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su presencia será bienvenida. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si desea acercarnos sus opiniones, sus inquietudes o sus preguntas, envíe un e-mail a barajarydardenuevo@gmail.com
&lt;/p&gt;

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		<id>http://vecinos.espacioblog.com/post/2005/09/10/comunas-sentido-comun-ya-es-ley-</id>
		<title>COMUNAS. EL SENTIDO COMÚN YA ES LEY.</title>
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		<issued>2005-09-10T04:59:19+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:41:13+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;El viernes 2 de Septiembre usted, como todos los porteños se enteró por los diarios, la televisión y la radio que se había sancionado una Ley que divide en 15 Comunas la Ciudad de Buenos Aires.&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/vecinos/comunas_mapa.jpg&quot; width=&quot;200&quot; height=&quot;211&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;Probablemente el tema Comunas le era desconocido hasta ese momento. Quizás había escuchado algo antes. Pero no le prestó demasiada atención o le pareció algo confuso y complicado. También es posible que su primera reacción haya sido de desconfianza. Como desde este lugar proponemos trabajar juntos para lograr un futuro mejor, vamos a hacer una reseña de lo que son las Comunas y cómo se llegó a esta ley.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene una Constitución. Allí figuran las bases de lo que hoy, los medios de comunicación, llaman Ley de Comunas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1. ¿Qué son las Comunas de la Ciudad de Buenos Aires? 	&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Son gobiernos locales de los barrios, en los cuales los vecinos tienen amplios derechos y posibilidades de participar y controlar las acciones públicas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2. ¿Cuál es la función de las Comunas? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hacerse cargo en forma exclusiva de los espacios verdes y las calles y veredas del barrio y, en forma concurrente con el gobierno central, de todos los otros temas que inciden en la vida barrial. Con los vecinos decidiendo lo que necesitan y controlando que sus decisiones se cumplan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3. ¿Cómo benefician las Comunas a los vecinos? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acercan la solución de los problemas barriales y ciudadanos a poca distancia de cada casa y promueven que los vecinos decidan y controlen lo que se hace en su barrio. De esta manera el PODER se DESCENTRALIZA o TRANSFIERE al vecino común.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;4. ¿No serán las Comunas otro invento de los políticos para sumar  ñoquis? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los vecinos que luchamos para que se sancione la Ley de Comunas tenemos convicciones. Los políticos, en general, debido a que van a perder una buena porción de poder no querían que saliera la Ley de Comunas.  Por eso, desde 1996, los gobiernos y legisladores de la ciudad impidieron su concreción contraviniendo expresas cláusulas constitucionales. Sólo la lucha de muchos vecinos, a lo largo de varios años, logró finalmente la sanción de la Ley Orgánica de Comunas. Una ley que pone en vigencia un derecho constitucional postergado por casi una década.   &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;5. ¿Cómo empezaron los vecinos ésta pelea? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Mayo de 2002 un conjunto de grupos, organizaciones y asambleas barriales nos conocimos y formamos la Red de Vecinos de Buenos Aires, con la finalidad de impulsar la concreción de las Comunas. A fines del 2003 el gobierno y algunos legisladores quisieron sancionar, entre gallos y medianoche, una ley de Comunas sin consultar a los ciudadanos de Buenos Aires. Los vecinos, nucleados entonces en la Coordinadora por Comunas, nos opusimos. No podía sancionarse una ley que promoviera la participación ciudadana con la ausencia de los interesados. Es decir, sin que los vecinos de Buenos Aires expresáramos nuestros proyectos, ideas y aspiraciones. En Febrero del 2004 exigimos al Ejecutivo y Legislativo de la Ciudad realizar un proceso público y masivo de consulta para establecer los contenidos esenciales de la Ley. Conseguimos que, durante todo el año 2004, se realizaran 46 reuniones públicas en los distintos barrios porteños con ese fin. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;6. ¿Cómo se elaboró la ley de Comunas?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con las ideas y propuestas vecinales, se delinearon las ideas fuerza que debía recoger la ley de Comunas. Logramos así, un hecho inédito en la metodología legislativa; que el contenido fundamental de una ley se estableciera entre los ciudadanos y los legisladores, a través de un proceso colectivo abierto en el que participaron cerca de 7000 vecinos. Con este empuje comenzó el tira y afloje entre vecinos y legisladores para darle forma definitiva al articulado de la ley. Los vecinos no logramos que se respetaran todas las ideas que la ciudadanía planteó, pero obtuvimos lo fundamental; que las Comunas de Buenos Aires se constituyan en la PRIMERA INSTITUCIÓN DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA DEL PAÍS. Con espacios claros y definidos, en los que los vecinos podremos decidir lo que queremos que se haga en  nuestros barrios y controlar que se cumpla nuestra voluntad colectiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;7. ¿Por qué la Comuna es la primera institución de democracia participativa del país?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la democracia representativa el ciudadano vota un candidato cada tantos años para que lo represente. En la democracia participativa interviene permanente y directamente para definir lo que quiere que se haga y controlar que efectivamente se haga. En la Comuna se combina un gobierno representativo con instituciones comunales participativas. El gobierno representativo se obtiene a través de la elección periódica de la Junta Comunal. La democracia  participativa se consigue a través del protagonismo vecinal en el funcionamiento permanente del Consejo Comunal. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;8. ¿Qué falta por hacer?   &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Ley ya está. Ahora falta llevarla a la práctica. Concretarla. Los vecinos debemos llevar adelante, con los funcionarios del poder ejecutivo, el proceso de transición. Como antes lo hicimos con los legisladores, este camino tiene una sola forma de ser transitado; participativamente. Es decir, debemos trabajar duro para asegurar que las Comunas cuenten con los recursos humanos, materiales y organizativos necesarios para cumplir con sus funciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;9. ¿Cómo se hace para participar en la construcción de las Comunas?  &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Poniéndose en contacto, elaborando propuestas y sumándose en forma independiente o mediante una organización barrial a los distintos foros, reuniones, debates, etc. que Vecinos Pro Consejo Comunal de Colegiales y Chacarita, Vecinos del Encuentro u otras organizaciones vecinales y ciudadanas de Buenos Aires y sus barrios convocarán en los próximos meses. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;SU INTERÉS ES LA BASE PARA QUE LAS COSAS EMPIECEN A CAMBIAR. A FUNCIONAR MEJOR. CON MAYOR CALIDAD. CON SENTIDO COMÚN.&lt;/p&gt;

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		<title>BICENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO</title>
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		<issued>2005-08-31T06:18:49+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:40:33+00:00</updated>
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&lt;p&gt;¿Cómo lo queremos celebrar?&lt;img src=&quot;http://www.espacioblog.com/vecinos/imagen/escarapela2.gif&quot; width=&quot;67&quot; height=&quot;100&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 2010, los argentinos celebraremos los 200 años de la Revolución de Mayo.  Desde este espacio proponemos ir pensando entre todos cuáles son los valores que deseamos rescatar de aquella gesta. Cuáles son los principios que deberían perpetuarse como identidad del país. Cuáles son las asignaturas pendientes.  En nuestro barrio hay muchos colegios y desearíamos que todos los chicos y todos los maestros nos acompañen en esta propuesta. Leyendo algo más que el Billiken. Profundizando la historia en serio. Investigando la vida y la obra de aquellos patriotas que seguramente nos van a seguir sorprendiendo. &lt;/p&gt;

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